miércoles, abril 23, 2008

Emily

Aún no conoces el final feliz . . .


Esta, desde el inicio, luce como una semana difícil por la cantidad de trabajo que se avecina y aún así la madrugada del lunes me encuentra saliendo de la sala del cine convencido de que aquella cinta, una comedia romántica, es una demostración clara de que el amor y la vida no podrían estar escritos en un guión. Por más autentica que parezca una película, jamas se aproximará a la realidad de los sentimientos.


Desde luego, no es mi intención pedir un cine apegado a la realidad; De ser esto verdad ¿Porque habríamos de meternos con un bote inmenso de palomitas a mirar como dos protagonistas se enamoran, se destrozan y lloran después?, la honestidad no es propia para ser capturada en 24 cuadros por segundo, pero ¿que pasaría si la película fuera tan aleatoria y llena de errores como la vida real?.


La función corre según lo acordado, en la pantalla los ojos del protagonista se fijan en los de su amada. El momento es perfecto y la oportunidad propicia, el debe aprovecharla pues en los 10 minutos que restan de filme no podrá besarla si no es ahora. El argumento es claro y las palabras entre los paréntesis del libreto son precisas; -William: (mientras dice su linea y  besa a Emily)-.


Las adversidades han separado a la pareja desde que el primer cuadro se proyecto en la pantalla. Es justo ahora cuando el destino -y un astuto equipo de escritores- los han reunido para crear una situación que sea tan creíble para el espectador como les sea posible. Su trabajo es bien recompensado, no nos cabe duda de que la besará.


El guionista ha hecho un gran trabajo; La niña de la fila de enfrente acompañada de su novio se recorre para ubicarse en la orilla de su butaca y se lleva las uñas a la boca para esperar el ansiado momento del beso. La música de las cuerdas es sutil, la cámara se concentra en los ojos de ambos; es claro que la producción ha sido impecable.


Repentinamente William se acobarda, la maldita vida real lo hace víctima de lo aleatorio, sus debilidades crecen, sus dudas afloran, esta situación que estaba tan anunciada en la trama le parece abrumadora: ¿como podrá vivir y olvidar las adversidades?, ¿será esto el fin de su vida profesional?, ¿en realidad se ha olvidado completamente de Marcie, aquella dulce pelirroja que añadimos para hacer interesante la cinta?.


Will, da un paso atrás.  Aunque su vida ha sido ya resuelta por el escritor del filme le resulta imposible hacerlo. El miedo propio de cualquier ser humano lo vence, esta derrotado, deprimido, asustado. La decisión tomada se revierte.


Se dirige a Emily mientras tartamudea levemente para anunciarle que cambia su argumento, ha  decido que el miedo de vivir con su ella es suficiente como para no intentarlo.  Emily, también presa de la vida real, decide no aparentar dolor. Sus ojos no derraman lagrimas, ella no deja que Willam descubra que esto la destroza a ella - y al argumento-, aunque esta demostración pueda hacer que el abandone sus dudas y regrese al plan original su orgullo -no contemplado en el script- no le permite darle prueba real de su amor.


El guionista está furioso, no puede aceptar que su trabajo sido presa de lo que todos los hombres somos presa a diario; La realidad, esa desgraciada, ha venido a destruir la cinta más taquillera del verano. Aunque seguramente los millones perdidos regresarán, el Director se da cuenta de que su poder en el set no es tan absoluto como el lo creía.


De vuelta en la historia William regresa a su casa, toma su agenda y llama a Marcie para concertar una cita en un café cercano. La platica es simple, él saca el anillo fabricado a la medida exacta del dedo de Emily y le pide a la pelirroja que sea su esposa. William no sabe aún por que hace esto, no lo razona, de nuevo es presa de lo aleatorio.


La vida de Emily ha quedado destrozada, un fracaso tan grande no puede repararse ni siquiera en el tiempo que dure una trilogía de películas. Sus siguientes matrimonios fracasan y muere sola en un asiló donde se tortura contando su historia siempre empezando en retrospectiva.


En la sala el desconcierto es general; La niña que esperaba el beso queda pasmada ante la realidad de la vida y se siente vulnerable a lo impredecible. Duda de toda su existencia y cuestiona todas sus decisiones. De un golpe aleja la mano del novio que ya trepaba por su pierna.


Pero si en verdad la vida real pudiera ser retratada en un pedazo de celuloide no tendríamos por que preocuparnos; Mañana muy probablemente la película termine con una Marcie desquiciada y empujada al suicidio por despecho, una Emily que descubre un nuevo amor en otra ciudad, y un William que muere al ser atropellado en el momento de alejarse del café por un camión de basura. Quizás la niña de la fila de enfrente, al contemplar el nuevo final, reconozca lo hermoso de las cosas inciertas de la vida y permita continuar al novio con sus caricias, aún sin conocer el destino de su acción.


Finalmente la vida es un guión que debemos arriesgarnos a escribir.


Efra Rios

2 comentarios:

cecilia dijo...

:o
wow
totalmente
de acuerdo
rious.
saludoos.
:)

Monse dijo...

Ameego como que lo tuyo lo tuyo no es la economia, deberias ponerte a estudiar lo mismo que yo no crees? =P Notese que sigo al pendiente de tu blog.

Cuidate.